Alfonso Leyva: terquedad y constancia

Alfonso Leyva es una historia de terquedad y constancia. Igual que muchos de sus compatriotas, llegó aquí, a Río de Janeiro, con el bolsillo vacío y el corazón desbordado.

Es el único representante mexicano en la lucha grecorromana, un deporte dominado por los rusos, los turcos y los ucranianos. Pero no. Él no ha viajado hasta acá para admirar la fuerza ajena, sino para demostrar que es la fiera más temida de Jalisco.

El camino de Alfonso no ha sido fácil. Sus padres venden gorditas de nata en la Central Nueva de Guadalajara. A veces se desespera por la impotencia de no poder ayudar como se debe con los gastos del su hogar.

“Le he propuesto a mi papá dedicarme a otra cosa, porque sé que soy el hermano mayor, y con esto no puedo apoyar mucho a mi mamá ni a mis dos hermanas”, lamenta.

La familia de Alfonso vive en El Salto, uno de los municipios más marginados de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Allí, los maestros lo sacaban de sus clases por peleonero e indisciplinado.

“Era un niño muy hiperactivo y muy vago. Mi mamá tuvo que meterme a un gimnasio porque a cada rato andaba peleándome en la calle. Quería que canalizara mi energía en algo bueno”, recuerda.

Sí: un simple instante basta para cambiar la vida de las personas. Alfonso ahora lo sabe. Sabe que su destino es el mortal Pancracio, ese deporte de leones y bestias; de dioses y humanos. Nada ya puede detenerlo; ni siquiera él mismo. Lo que ahora tiene es hambre. Hambre de gloria. De honor. De respeto. De hacer la diferencia y demostrar que el atleta es también una forma de entereza moral y entrega desmedida.

“Desde 2011 mi papá me ha apoyado con su dinero. La mayor parte de mi carrera me la aventé con 2,500 pesos mensuales que me daba la CONADE. Hubo veces en las que tuve que trabajar cargando rocolas, toritos o inflables”, dice.

Hasta hace apenas unas semanas, Alfonso recibió su beca del CIMA, que consta de 14 mil pesos mensuales.

“Pero yo creo que esa cantidad es injusta. Sé de compañeros que ganan más pese a que han dado peores resultados. Sé que merezco más, porque en los últimos meses he ganado dos platas: una en un preolímpico y otra en un mundial”, señala.

El gobierno de Jalisco también le prometió una ayuda económica, pero hasta ahora Alfonso no ha visto un sólo peso.

“No todo ha sido malo. También he tenido la fortuna de ir a entrenar a otros países. Al final eso es lo que cuenta: aquí podemos entrenar como perros, pero si no competimos afuera, será muy difícil lograr algo grande”, agrega.

Te ha llegado el día, Alfonso. El día de decir que, ganes o pierdas, tú ya eres un triunfador.

Disciplina: Lucha grecorromana, 85 kg.

Por Eduardo Bautista