Del horror y desesperanza a las olimpiadas: las historias del equipo de refugiados

Estos 10 atletas competirán en las disciplinas de natación, atletismo, maratón y judo, ¿qué tienen de especial?… forman parte del equipo de refugiados, el primero de su clase, y actuarán como un símbolo de esperanza para los refugiados de todo el mundo y llaman la atención de la magnitud de la crisis que enfrentan mientras participan en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Popole Misenga

  • País de origen: República Democrática del Congo (Vive en Brasil)
  • Edad: 24 años
  • Compite en: Judo

Popole Misenga era un niño de ocho años que vivía en la República Demócrata del Congo cuando la guerra, que llevaba décadas asolando al país dejando a su paso miles de muertos y heridos, le quitó lo que más quería. Su madre fue asesinada cuando Misenga tenía sólo ocho años de edad.

Con sólo nueve años de edad, tuvo que dejar su natal Kisangani. Temeroso y solo, se refugió en el bosque por ocho días hasta que fue rescatado y llevado al hospital público de Kinshasa, la capital del país. De ahí, fue llevado a un centro para niños desplazados, en donde el judo lo encontró.

“Cuando eres niño, necesitas una familia que te dé instrucciones sobre lo que hay que hacer, y yo no tenía ninguna. El judo me dio todo. Calma, disciplina, compromiso, dirección, todo”.

Convertirse en judoca profesional le cobró un alto precio. Cuando perdía una competencia, sus entrenadores lo encerraban en una jaula por días con una taza de café y un pedazo de pan como comida todo el día. Finalmente en agosto de 2013, cuando participaba en los campeonatos mundiales de judo en Brasil en los que fue privado de comida y derribado en el primer round, decidió buscar asilo en ese país.

Sin conocer a nadie ni hablar el idioma, el atleta vivió un tiempo en la calle antes de hallar refugio en una pequeña comunidad de congoleños en una favela del norte de Río. Tras sobrevivir con la ayuda de vecinos y algunos trabajos ocasionales, Misenga se registró como refugiado. Después de obtener el status el joven de ojos grandes y barba oscura pudo volver al judo y entrenar en el Instituto Reação, escuela fundada por el medallista de bronce Flávio Canto.

Para Popole, los dos últimos años han estado lleno de sorpresas y logros; no sólo obtuvo su pase para las Olimpiadas de Rio de Janeiro en las que como parte del equipo de refugiados desfilará bajo la bandera olímpica. A su lado está Fabiana, su esposa brasileña, y un hijo. Aunque aún tiene problemas con el idioma y reconoce que a veces sueña con volver a su país, “encontré una buena vida aquí y estoy feliz de quedarme”, asegura.

 

Yolande Bukasa

  • País de origen: República Democrática del Congo (Vive en Brasil)
  • Edad: 24 años
  • Compite en: Judo

Yolande Bukasa

En agosto de 2013, Yolande Bukasa se hartó y dijo ‘basta’. Se hartó de tolerar que sus entrenadores, quienes se suponía debían ayudarla mientras participaba en el Campeonato Mundial de Judo en Rio de Janeiro, la encerarran en una jaula cuando perdía y se gastaran su dinero de comidas y transportes en irse de juerga. Junto con Popole Misenga, quien es su único vínculo con su país de origen, abandonaron el hotel y abandonaron la delegación.

Ella y Popole no conocían la ciudad ni el idioma o la legislación para pedir asilo. Para Yolande, esa situación solo es ya una piedra más en el largo camino que ha recorrido desde que fue separada de sus padres a temprana edad en su natal Bukavu, una de las regiones más afectadas por la guerra civil en la República Democrática del Congo, la cual en su fase más sangrienta, entre 1997 y 1999, dejó 11 mil víctimas y desplazó a 800 mil personas.

No recuerda mucho, salvo correr desorientada y llevada en helicóptero a Kinshasa, la capital del país, donde fue puesta en un centro de refugiados, en el que a la postre conocería el judo. “Nunca me dio dinero, pero me dio un corazón fuerte. Comencé a practicarlo para tener una vida mejor”, enfatiza la joven de mirada dura.

Actualmente, Yolande y Popole entrenan tres veces a la semana en el Instituto Reação y la Confederación Brasileña de Judo les apoya con uniformes, comida y pasajes. A ella le toma más de dos horas llegar al complejo y pese a  que su panorama aún luce complicado, ella asegura que participar en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro como parte del equipo de refugiados le dará una oportunidad que nada ni nadie le ha dado: volver a contactar a su familia.

“Si mi familia me ve en televisión, puedo darles mi número, todos mis datos, porque quiero un día poder hablar con mi padre y hermanos”. Participar en la justa olímpica, dice, “cambiaría mi vida por completo”.

 

Rami Anis

  • País de origen: Siria (Vive en Bélgica)
  • Edad: 25 años
  • Compite en: Natación (100 metros libres y 100 metros mariposa)

Rami Anis

Rami Anis no sabe decir a ciencia cierta cuando comenzó su sueño. Pudo haber sido a los 14 años, cuando empezó a entrenar en la alberca de su ciudad natal, Alepo y veía en YouTube cientos de veces los videos de Michael Phelps, tratando de imitar sus movimientos. O tal vez fue mucho antes, cuando tenía tres años y su tío Majic, también nadador profesional, lo llevó a la piscina por primera vez. A diferencia de los otros lloriqueantes niños, él supo de inmediato cómo flotar. Ahí se enamoró del agua, admite.

Pero todo cambió en 2011, cuando la guerra estalló. Ese año su familia, temerosa de que el joven de 20 años fuera enlistado en el Ejército, lo mandó a vivir a Turquía, donde ya residía un hermano suyo. “La maleta que hice tenía dos chamarras, dos playeras, dos cambios de ropa interior y mi traje de baño; creía que estaría sólo por un par de meses y después regresaría a mi país.” Ignoraba que no regresaría.

Ya en Estambul, Rami comenzó a entrenar mes tras mes pero pronto su condición de refugiado jugó en su contra: debido a ese estatus, no podía competir con el equipo nacional turco. La guerra en Siria estaba ya durando demasiado y él veía que sus mejores años como atleta podían irse en un abrir y cerrar de ojos. Era como prepararse por años para un examen que después no le permitirían tomar, explica. Así que decidió tocar las puertas de Europa.

En 2015, con 24 años, abordó una lancha destartalada hacia Grecia. Llegó a la isla de Samos, de donde partió con dirección a Bélgica, país al que llegó en octubre y en el que entrena diariamente cinco horas en el Club Real de Natación de Gante bajo la supervisión de la ex nadadora olímpica Carine Verbauwen.

Un amigo suyo le comentó sobre un equipo de refugiados que participaría en la competencia más grande de todas: los Juegos Olímpicos. De inmediato llenó y envió al COI su solicitud. Recuerda que cuando fue aceptado, su entrenadora le advirtió: si realmente quería tener una oportunidad, era mejor que no esperara compasión de su parte. Lo entrenaría hasta que llorara de dolor y no podría rogar por ayuda. “Si te ahogas, te ahogas”. Por supuesto, sus primeras palabras en neerlandés fueron ‘Ik ben moe’: estoy cansado.

El chico de cabellos y ojos oscuros es parte del primer equipo de refugiados que participará en unos Juegos Olímpicos, y aunque reconoce que ha estado al borde del precipicio y perdido muchas de sus ilusiones a lo largo del camino, aún se aferra a una: “deseo de corazón que no haya más refugiados y que podamos participar bajo la bandera de nuestro país”.

Yusra Mardini

  • País de origen: Siria (Vive en Alemania)
  • Edad: 18 años
  • Compite en: Natación

Yusra Mardini

Nueve mil dólares costó sacar a Yusra Mardini y Sarah, su hermana mayor, de Siria; nueve mil dólares que pagó el padre de ambas, un entrenador de natación, para que un traficante las llevara de Turquía a Grecia en una lancha para 6 personas y en la cual iban más de 20.

En Siria, las bombas destruyeron la casa, la piscina y la vida de la joven de 18 años que tenía tres años cuando empezó a nadar en una alberca cercana a su casa en Damasco, por lo que en septiembre del año pasado, Yusra y Sarah huyeron a pie través de Líbano para llegar a la que es considerada la puerta de Europa desde el lado asiático. Ahí tomó la embarcación, desconociendo aún hasta qué punto nadar le salvaría la vida… literalmente.

En el mar Egeo, cuando la endeble lancha trataba de llegar a la isla de Lesbos, ésta tuvo una falla mecánica que desató el pánico. “Yo soy nadadora” fue lo que dijo Yursa para acto seguido lanzarse al agua, junto con su hermana y otras dos personas. “Mientras que en una mano llevaba la cuerda que iba atada al bote, movía mis piernas y mi brazo libre”. Así, lograron remolcar la embarcación por casi cuatro horas hasta llegar a la isla. Tierra firme.

Pero tampoco ahí fue fácil. Apenas tenían agua y comida para llegar a Berlín, su destino final. Ahí, al llegar a un centro de refugiados, le dieron un formulario en el que le pedían enumerar sus habilidades. La chica de grandes ojos oscuros escribió ‘nadar’. Al ver el documento, una colaboradora contactó al club Spandau 04, el cual la ha apoyado desde octubre pasado con su entrenamiento, a cargo de Sven Spannekrebs y con el que confía mejorar sus tiempos en mariposa, el estilo que más le gusta.

Mientras trabajaba en sus tiempos de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio, Yusra se enteró y solicitó ser parte de la iniciativa del Comité Olímpico Internacional de formar un equipo para las Olimpiadas de Río de Janeiro que representará a los más de 15 millones de personas que se han visto obligadas a dejar sus hogares y países de origen.

Tras conocerse su historia de valor y fortaleza, el COI no dudó en darle una oportunidad de ser parte de ésta. En esta justa, la meta de Yusra, aparte de buscar una medalla, será “que los refugiados estén orgullosos de mí”. Y cuando se le pregunta sobre esa noche en que su vida estuvo en peligro, ella reflexiona y dice que si no hubiera lanzado al mar cuando la lancha se descompuso, no estaría viva. “Para mí, es un recuerdo positivo”.

 

Yonas Kinde

  • País de origen: Etiopía. (Vive en Luxemburgo)
  • Edad: 36 años

Síguele la pista en Río

  • Compite en: Maratón
  • Fecha: 21 de agosto
  • Dónde: Sambódromo (Inicio y meta)

Yonas Kinde (IOC)

Yonas Kinde tiene una cita con su destino el 21 de agosto, día que correrá en el Maratón dentro de los Juegos Olímpicos. Para ese día, buscará llevarse una medalla, sueño que lo ha mantenido corriendo desde que vivía en su tierra natal, Etiopía, de la cual tuvo que huir por la violencia que ponía en peligro su vida. “Abandoné mi país por sus problemas políticos. Es imposible para mí vivir ahí, mi vida estaría en peligro.”

Luxemburgo, un pequeño ducado europeo, fue la nación a la cual llegó Kinde hace cinco años en calidad de refugiado. Aquí, toma clases de francés y maneja un taxi para tener un ingreso económico, todo para mantener sus pies ligeros y el sueño de correr con el viento.

Tras unirse a un club local, en el que rápidamente se convirtió en el mejor corredor de larga distancia del país, Kinde comenzó a obtener múltiples premios no sólo ahí sino también en Francia y Alemania, en donde el pasado octubre completó un maratón en el asombroso tiempo de 2 horas y 17 minutos, obteniendo así su pase para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Pero su participación en esta justa deportiva no será bajo la bandera de Etiopía. Tampoco bajo la de Luxemburgo, aunque su actual entrenador Yves Goldi, asegura que si fuera ciudadano de este ducado, calificaría por completo para el equipo olímpico nacional. El 5 de agosto Kinde hará historia al desfilar junto con otros 9 deportistas como parte de la primera delegación de refugiados que participa en unos Juegos Olímpicos.

Yonas anhela que este equipo envíe el mensaje de que hay muchos refugiados que pueden ser excelentes deportistas. “Ellos pueden hacer todo”, asegura.

Sobre su condición de refugiado, Yonas señala que estar en un campo puede ser enloquecedor y aspirar a ser un atleta puede ser moral y económicamente difícil bajo esas circunstancias. No obstante, se muestra optimista y afirma que “es la ley del deporte: aunque la situación sea difícil, se puede tener un buen resultado”.

James Nyang Chiengjiek

  • País de origen: Sudán del Sur (Vive en Kenia)

Síguele la pista en Río

  • Compite en: Atletismo (400 metros libres)
  • Fecha: Del 12 al 14 de agosto
  • Dónde: Estadio Olímpico (Engenhao)

James Nyang Chiengjiek (IOC)

Correr no estaba entre los sueños de James Nyang Chiengjiek cuando en su natal Bentiu, Sudán del Sur, se dedicaba a cuidar ganado para el sustento de su familia. Tampoco era parte de sus planes cuando en 1999, su padre, que era soldado, fue asesinado durante la segunda guerra civil que azotó al país en la cual los niños eran parte del botín, secuestrados para obligarlos a pelear una guerra que no era suya. Forzados a elegir entre ser niños-soldados o morir, las opciones eran pocas.

Cuando los secuestros se intensificaron, al igual que otros miles de chicos, James tuvo que huir; todos ellos fueron parte de los llamados “Niños perdidos de Sudán”. Y al igual que muchos de ellos, en 2002 llegó a Kakuma, un campo de refugiados en Kenia. Ahí empezó a asistir a una pequeña escuela famosa por sus corredores y en la que se unió a un grupo de chicos mayores que él que entrenaban para carreras de larga distancia.

Fue ahí donde Chiengjiek se dio cuenta del don que tenía de hacer volar sus pies. “Ahí fue donde me di cuenta que podía triunfar; si Dios te da un talento, tienes que usarlo”. Pero esa tarea no fue fácil para James quien, debido a que no contaba con el calzado necesario, tuvo que usar muchas veces el de sus compañeros, lo que le ocasionó numerosas lesiones en sus pies y tobillos. Compartir era la filosofía, recuerda. “Nosotros compartíamos. Si probablemente contabas con dos pares de zapatos, entonces ayudabas al que tenía ninguno”.

Para su participación en los Juegos Olímpicos de Río, en los que competirá en la carrera de 400 metros, no sólo lleva en su maleta el calzado adecuado a sus pies de ébano, sino también el deseo de ayudar a los demás, especialmente a los millones de refugiados en todo el mundo.

“Tenemos que mirar atrás y ver dónde están nuestros hermanos y hermanas y si alguno de ellos también tiene talento, podemos traerlo a entrenar con nosotros y además hacer su vida un poco mejor. Debido a que yo fui apoyado por alguien, también deseo apoyar a alguien más”.

 

Paulo Amotun Lokoro

  • País de origen: Sudán del Sur (Vive en Kenia)

Síguele la pista en Río

  • Compite en: Atletismo (mil 500 metros)
  • Fecha: Del 16 al 20 de agosto
  • Dónde: Estadio Olímpico (Engenhao)

Paulo Amotun Lokoro (UNHCR)

Hasta hace unos pocos años, Paulo Amotun Lokoro, un joven pastor que cuidaba el pequeño ganado familiar en las vastas llanuras de lo que ahora es Sudán del Sur, desconocía que había un mundo más allá de su pequeña villa, la cual había sido testigo de la guerra civil que azotaba al país desde que él tenía memoria y que obligó a sus padres en 2004 a dejarlo de manera temporal con un tío mientras ellos escapaban hacia la vecina Kenia.

Pero la violencia no tardó en pisarle los talones a esa pequeña villa. “La guerra empezó así que huimos hacia los arbustos y nos quedamos ahí. No había comida, así que sólo comíamos la fruta de los árboles”, recuerda el joven, el cual pudo llegar en 2006 a Kakuma, el campo que ha sido hogar de más de 180 mil refugiados y en el que pudo reencontrarse con su madre.

En Kakuma Pulo sobresalió en los deportes de su escuela, especialmente en las carreras, ganando un sinnúmero de éstas pero aún sin imaginar que correr pudiera cambiarle el futuro… hasta que llegó 2015. En ese año, entrenadores profesionales de la Fundación Tegla Loroupe, célebre atleta keniano que rompió varios récords mundiales, llegaron a ese campo en busca de nuevas promesas deportivas. El talento de Paulo hizo lo suyo y le permitió ganar un lugar en el equipo que actualmente entrena en Nairobi, la capital keniana.

Para Lokoro, el esfuerzo ha valido completamente la pena, porque participará por primera vez en unos Juegos Olímpicos como parte del primer equipo de refugiados. “Yo era uno de ellos allá en el campo y ahora he llegado a un sitio especial”.

Los sueños que el joven atleta anhela cumplir en Río de Janeiro no son nada sencillos: romper un récord mundial y ganar una medalla de oro. También que las personas que quiere lo vean por televisión o en las redes sociales. Pero su deseo más grande es más simple:

“Si me desempeño bien, usaré eso para ayudar a mi familia, y a mi pueblo”.

 

Anjelina Nadai Lohalith

  • País de origen: Sudán del Sur (vive en Kenia)

Síguele la pista en Río

  • Compite en: 1500 metros (Atletismo)
  • Fecha: Del 12 al 16 de agosto
  • Dónde: Estadio Olímpico (Engenhao)

Anjelina Nadai Lohalith (IOC)

Anjelina Nadai Lohalit tiene 22 años y no ha visto ni hablado con sus padres desde que tenía seis y fue obligada a abandonar Sudán del Sur, en 2001. Desde que la guerra se adueñó de su pueblo “todo fue destruido”, cuenta. La joven atleta ha oído que aún están vivos, a pesar de que “la hambruna del año pasado fue terrible”.

Lohalit fue una de los cientos de miles de niños desplazados por la guerra en Sudán que llegó al campo de refugiados de Kakuma en Kenia, en donde ha pasado la mayor parte de su vida. Ahí, mientras cursaba la escuela primaria empezó a correr, disciplina en la que brillaba de manera natural. Sabía que era buena, pero ignoraba cuán veloces eran sus piernas hasta que entrenadores profesionales llegaron a su campo a buscar nuevos atletas y la descubrieron. “Fue una sorpresa”, asegura.

Ayudar a sus padres es su motivación principal mientras intensifica su entrenamiento en la carrera de mil 500 metros de cara a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, los cuales espera que la impulsen a ganar más carreras para ganar más dinero. “Si tienes dinero, tu vida puede cambiar y no permanecerás en el mismo lugar”.

La joven sudanesa de largas piernas y cabello trenzado admite estar emocionada por su participación en los Juegos Olímpicos, una oportunidad que califica como ‘histórica’ porque le permitirá a ella y a sus compañeros de otros países demostrar sus habilidades deportivas mientras envían un mensaje de paz. “Vamos a demostrarle al mundo que los jóvenes refugiados pueden competir en grandes carreras y ganar premios”.

¿Lo primero que hará cuando empiece a ganar competencias y dinero? “Construirle a mi padre una mejor casa”, afirma convencida.

 

Yiech Pur Biel

  • País de origen: Sudán del Sur (Vive en Kenia)
  • Edad: 21 años

Síguele la pista en Río

  • Compite en: 800 metros (Atletismo)
  • Fecha: 12, 13 y 15 de agosto
  • Dónde: Estadio Olímpico de Río de Janeiro

Yiech Pur Biel (IOC)

Cuando era apenas un adolescente y vivía en un campo de refugiados, Yiech Pur Biel supo lo que era la frustración y el egoísmo. La primera la descubrió cuando siendo parte del equipo de futbol juvenil, se molestaba por tener que depender del trabajo de sus demás compañeros. El segundo vino a su encuentro cuando al intentar con las carreras, notó cuán bien se sentía tener el control absoluto de sus piernas. Y de su propio destino.

El joven sudanés supo desde temprana edad que si quería algo en la vida, tenía que conseguirlo por sí mismo. En 2005, la guerra civil lo forzó a dejar Sudán del Sur y así llegar al campo de refugiados de Kakuma en Kenia, hogar de los tristemente conocidos ‘chicos perdidos de Sudán’ en el cual ha vivido por diez años, tiempo en el que no ha visto a sus padres.

Ahí tuvo que enfrentarse, como muchos otros chicos que entrenaban, a las carencias de material, instalaciones y calzado deportivo, así como al inclemente sol africano. Pero a pesar estos desafíos, continuó practicando, con lo que se aseguró un lugar en la fundación del atleta keniano Tegla Loroupe en la que entrena actualmente. El atleta sudanés vio su esfuerzo recompensado al ser incluido en el primer equipo de refugiados que participará en una justa olímpica en la que competirá en la carrera de 800 metros.

Yiech admite sentirse presionado; como parte de la primera delegación de refugiados que competirá en unos Juegos Olímpicos, cree que esto causará un gran impacto y ayudará a remover esa etiqueta, a mostrar que su estatus es sólo una pequeña parte de ellos que no los define por completo. “Habrá tantas personas como nosotros viendo los juegos, a nosotros, que por supuesto quiero dar absolutamente todo”.

Sus planes para cuando termine Rio de Janeiro son sencillos y concretos: ayudar a sus padres a mejorar sus condiciones de vida. Estudiar y obtener un título universitario. Y por supuesto seguir entrenando y corriendo. Saborear la sensación de control y libertad que sus piernas le dan a su vida. A su destino.

Rose Nathike Lokonyen

  • País de origen: Sudán del Sur (Vive en Kenia)
  • Edad: 23 años

Síguele la pista en Río

  • Compite en: 800 metros (Atletismo)
  • Fecha: Del 17, 18 y 20 de agosto
  • Dónde: Estadio Olímpico de Río de Janeiro

Rose Nathike Lokonyen (IOC)

Hasta hace un año, Rose Nathike Lokonyen desconocía ser poseedora de un talento que la pondría en el reflector. Lo que sabía se limitaba a cómo sobrevivir. En 2002 la casi niña llegó junto con sus padres y tres hermanos menores a un campo de refugiados en Kenia. En 2008, sus progenitores regresaron a Sudán del Sur, dejándola a cargo de los tres infantes.

Además de cuidar a sus hermanos, la joven no tenía mucho qué hacer con su vida. Pero en 2015, mientras estaba en la escuela, un maestro le sugirió participar en una carrera de 10 kilómetros. La sorpresa no fue sólo para el profesor sino también para ella, que nunca había entrenado: era su primera competencia y llegó en segundo lugar. Descalza. A partir de ahí ya no paró de correr.

Su velocidad le consiguió un empleo como entrenadora de niñas en la escuela donde ella estudiaba, un plantel construido y administrado por la Fundación Mundial Luterana. De ahí, fue reclutada por la fundación de Tegla Loroupe, atleta keniano ganador de múltiples preseas, la cual la catapultó a la que será su primera participación en una justa olímpica en la que además de competir en los 800 metros, también será la encargada de portar el estandarte del Comité Olímpico Internacional.

“Estaré muy feliz de trabajar duro para probarme a mí misma; estaré representando a mi pueblo en Rio. Tal vez si tengo éxito puedo volver a Sudán del Sur  y organizar una carrera que promueva la paz” es en lo que sueña Rose mientras se somete a un riguroso entrenamiento que incluye dos horas diarias corriendo. Aunque para muchos puede sonar difícil, para ella no lo es. La vida, enfatiza, puede ser más dura comparada con eso.