Itzel Manjarrez va por medalla en taekwondo

La mexicana Itzel Manjarrez avanzó este miércoles a semifinales de taekwondo en la categoría de 49 kilogramos tras vencer a la brasileña Iris Sing y buscará una medalla a las 15:00 horas local cuando enfrente a la serbia Tijana Bogdanovic.

Por la mañana, la originaria de Sinaloa venció en octavos de final a Rosa Keleku de la República Democrática del Congo.

taeeee

La ‘rebeldía’ de Itzel

Decía Borges que todos los hombres tienen un instante que los cambia para siempre. El de Itzel llegó cuando tenía ocho años y se inscribió a clases de taekwondo a escondidas de su madre. Han pasado ya casi dos décadas de aquel episodio, y lo que comenzó como una boba rebeldía infantil terminó en un compromiso inquebrantable.

El Cristo Redentor recibe hoy a esta joven originaria de Chihuahua con los brazos abiertos. Desde hace 16 años, México es un país respetado en el deporte del tatami. Lo demuestran las medallas de Víctor Estrada, en Sídney 2000; Óscar e Iridia Salazar, en Atenas 200;, Guillermo Pérez, en Beijing 2008; y María del Rosario Espinoza, en Beijing 2008 y Londres 2012.

“María del Rosario es uno de mis ejemplos a seguir. Fue ella quien me inspiró a dedicarme al alto rendimiento”, asegura.

Sin embargo, igual que muchos atletas mexicanos más, Itzel sabe que el deporte es efímero:  “No siempre me voy a dedicar al taekwondo. Justamente por eso también soy licenciada en nutrición por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Fue un carrera que me costó mucho trabajo porque tenía que hacer las tareas y los trabajos en los aviones, en los autobuses, en donde me agarrara el día”.

La vida de Itzel es agitada desde que era pequeña. A los siete años practicaba danza, tocaba la guitarra y escuchaba jazz. Pero todo cambió cuando conoció el taekwondo, un arte marcial cuyos orígenes se remontan al año 50 d.C., en el antiguo reino de Goguryeo, hoy Corea del Sur.

La joven chihuahuense sabe que el taekwondo es más mental que físico: es un duelo estratégico en el que gana el más inteligente. Cuando Itzel comenzó a practicarlo muchos le dijeron que era un deporte masculino. Pero ella, obstinada, se sobró de orgullo y pidió competir contra ellos.

“Me gustaba pelear con hombres porque pegaban más fuerte. Las niñas eran más tranquilas. Sentía que con ellos yo podía exigirme más”, recuerda.

Los Juegos Olímpicos de Río se han convertido en una especie de obsesión para Itzel. No hay día que no se imagine en el podio, colgándose esa medalla a la que México ya se ha acostumbrado.  “He pegado imágenes de los Juegos Olímpicos en toda mi zona de entrenamiento. Voy a ir por esa medalla”.