Nuria, la sirena que casi tira la toalla

Las sirenas están en Río de Janeiro. Bailan con cadencia bajo el agua. Flotan sobre sueños e ilusiones. Pero también sobre desgracias. Sobre dolor. Porque en el deporte también se sufre. Hay que alejarse de la familia, de los amigos. ¿Vamos a una fiesta? No, no puedo. ¿Vamos al cine? Tampoco. ¿Por qué no descansas un poco más? Nuria Diosdado no pude darse ese lujo. Descansar no es una palabra que habite en su vocabulario. Por eso hoy está aquí, en sus primeros Juegos Olímpicos, para demostrar que, en efecto, ha valido la pena dejar todo por el nado sincronizado, ese ballet en el agua.

“Sé que tengo tres minutos para ganarlo o perderlo todo. No voy a desperdiciar esta oportunidad”, asegura.

Nuria tiene sólo 25 años y es originaria de Guadalajara, Jalisco. Ha pensado en dejar el nado sincronizado varias veces. Una, cuando murió su abuelo en 2007; ella estaba en la Ciudad de México y no pudo despedirse de él. Otra, cuando le retiraron seis oros por haber dado positivo en un control antidopaje por consumo de clembuterol.

“Creí que mi carrera había terminado. Fue un episodio muy complicado para mí. Y todo por un medicamento que había tomado. La verdad es que en aquellos años no había tanta información sobre el dopaje, y también había muy poco cuidado por parte de los médicos. En estos casos la responsabilidad es compartida; no puede caer toda sobre el atleta”, dice.

En el imaginario colectivo se tiene la idea de que los deportistas son seres optimistas y entusiastas; la realidad no siempre es así.

“Desertar es algo que le pasa por la mente a todos los atletas. Se cree que siempre estamos motivados, pero la realidad es que nosotros también tenemos días buenos y días malos”, comenta.

Dentro y fuera de agua, Nuria es una mujer de retos y convicciones. Desde los 15 años forma parte del selectivo nacional y ahora está a punto de graduarse en una maestría en mercadotecnia en la Universidad Anáhuac. Toda la carrera la hizo de 7 a 10 de la noche.

Dentro o fuera del agua, a Nuria la posteridad la espera con los brazos abiertos.

Este martes, Nuria Diosdado compite junto a Karem Achach en la final de nado sincronizado, fase que México no alcanzaba desde Sídney 2000.