Olvido cultural en los Olímpicos

Siempre buscaron el culto al cuerpo, pero también al espíritu. Los antiguos griegos se preocuparon por una formación integral, en la que cultura y deporte fueran de la mano. A la par de la celebración de las justas deportivas, desde sus inicios en el siglo VIII antes del año cero, se desarrollaban intensos debates culturales; pensadores y escritores hacían públicas sus ideas e investigaciones.

Olimpia fue en ese entonces la ciudad del conocimiento. Muy lejos de lo que ahora pasa en los Juegos Olímpicos de Brasil. En Río 2016 los eventos culturales han sufrido un duro golpe, a causa de los recortes presupuestales.

Las justas culturales no fueron ajenas a los Juegos que recomenzaron en Atenas, en 1896, aunque en un principio, el encuentro deportivo no tenía las dimensiones actuales; París 1900, por ejemplo, se desarrolló a la par de un evento entonces más importante: la Exposición Universal.

Doce años más tarde, el fundador del Comité Olímpico Internacional, Pierre de Coubertin, instauró competencias en las que se premiaba con medallas de oro, plata y bronce a artistas destacados en diversas disciplinas. En esa ocasión, él mismo participó bajo un seudónimo y ganó la presea mayor con su Oda al deporte. En París 1928, el húngaro Alfred Hajós -quien había sido campeón de natación en Atenas 1896- se llevó la plata por el proyecto de un estadio olímpico, con Deszó Lauber.

En cada edición, el jurado era conformado por primeras figuras del arte, como en París 1924, que tuvo en sus asientos a Igor Stravinski.

En las justas culturales sólo podían participar obras que tuvieran que ver con el espíritu olímpico, una restricción que terminó por menguar el interés de los creadores, afirma Liliana Trápaga, catedrática de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. En 1948, recuerda, varios premios se declararon desiertos y la competencia fue cancelada.

El encuentro deportivo creció, pero las siguientes ediciones carecieron, en su mayoría, de una apuesta cultural alterna, hasta que México fue la sede, relata la especialista en historia y diseño de los Juegos Olímpicos.

EL HITO MEXICANO
“México 68 es un parteaguas respecto a actividad artística. Pedro Ramírez Vázquez propuso una exhibición paralela”, explica Trápaga.

Entonces se celebraron 2 mil 232 conciertos, 143 funciones de ballet, 122 espectáculos teatrales y 73 muestras; además de la Reunión Internacional de Escultores de 15 países que diseñaron las obras de la Ruta de la Amistad.

“Además se construyeron los museos de Antropología, de Arte Moderno y Caracol, para que todos los participantes conocieran nuestra historia”, añade la especialista.
Fue hasta Barcelona 1992 que se gestó una celebración cultural de tal envergadura: “El mismo año que acabaron los Juegos de Seúl 1988, Barcelona inició su programa cultural con El Pórtico de la Olimpiada, que incluyó la presentación de Montserrat Caballé y Freddie Mercury”, recuerda la académica. Allá también se abrieron recintos que siguieron su vida útil como museos.

“Las justas deportivas, en algunos casos, crean ciudad y hacen que la cultura y las artes evolucionen”, destaca.

Otros Juegos con amplia agenda cultural fueron los realizados en Londres, en 2012. “Abarcó cerca de 12 mil eventos. Gran Bretaña dejó de cobrar en muchos museos, fueron 12 semanas muy importantes”, refiere la especialista. Aquel programa incluyó a artistas como Damien Hirst, Yoko Ono y Anish Kapoor, quien ex profeso creó la monumental Torre Orbit.

VACAS FLACAS
Brasil es mucho más rico en cultura que en deporte, pero los Juegos de Río han estado marcados por la austeridad.

“Los cariocas habían pensado celebrar de mayo a septiembre 900 eventos, pero se tuvieron que restringir de manera importante”, dice Trápaga. Ejemplo de ello es la banda Favela Brass de la barriada Pereira da Silva, que iba a tener cinco presentaciones, pero sólo lo ha hecho una.

México tiene presencia en Brasil a través de muestras como Magia de la sonrisa, de arte prehispánico, y la Exposiçao design América Latina Jogos Olímpicos: México 68-Río 2016, organizada por el Patronato Ruta de la Amistad.

Aunque la programación artística es parca en Río 2016, la merma se compensa en lo cotidiano: en la música y la danza que habitan sus calles.

Lizbeth Hernández.