Ortega, el otro, el ser

En 1894, justo el año en el que se funda el movimiento olímpico moderno, Dugas escribe sobre la obra de Aristóteles: La amistad tiene un lugar importante en la historia de las ideas morales.

Es anterior a la justicia. Los pueblos y los individuos practicaron el amor mucho tiempo antes de conocer el derecho.

Aristóteles, en sus Éticas dedica tres capítulos al campo de la amistad. Según él, ni los héroes pueden pasear solos por los escenarios de sus hazañas, ni las relaciones humanas pueden quedar limitadas al clan familiar.

Grecia orientó hacia Olympia la paz y la amistad. En el campo deportivo, muchos años después valorado por Ortega y Gasset y Pierre Bordieu, los helenos canalizaron la guerra por otros medios. Después de Aristóteles, y gracias a él, los occidentales crearían la teoría política del Estado, el campo en el que los hombres pueden vivir al amparo del derecho y la ley, esa promesa.

Como valora el filósofo español, las luchas tribales y sangrientas, entre las que se cuenta el Clásico de Clásicos, la Esparta-Atenas, se llevaron a la puesta en escena
(mucho de teatral tiene el deporte)de la contienda reglamentada en la que la violencia y la agresión, esos vicios, se limitaban al vencimiento del otro con sus propias armas. Ortega llamaría a su observación El origen deportivo del Estado, un ensayo deslumbrante todavía hoy.

En la Academia Aristóteles subrayó la vinculación indispensable con el otro. En la apología a Sócrates, esa triada de grandes atletas de la filosofía, Platón, concursante en Olympia, ya había proclamado la tendencia irrenunciable al contrario que es, a final de cuentas, otro yo, distinto y, al mismo tiempo, parecido.

Los Juegos Olímpicos son dignos de estudio desde la política y la filosofía. En ellos, la fraternidad y la concordia se imponen a las diferencias raciales, religiosas e ideológicas. El “otro” (el distinto) es sustancia vital para la competencia. Ortega apuntó que la cultura es una respuesta. El competidor de al lado es una respuesta distinta a esa gran pregunta que llaman cómodamente vida. Lo que se ve, por ejemplo en el boxeo o el taekwondo, es un debate entre dos significados a la cuestión de Hamlet. Dos seres, dos afirmaciones, ante un mismo problema: la existencia.

Mauricio Mejía.