Río 2016, ‘los juegos del hambre’

Río de Janeiro es una fiesta en la que muy pocos se divierten. En las favelas, esos cerros de hambre y miseria, nada cambia. La brasileña sigue siendo una sociedad con 30 millones de pobres y una crisis política sin precedentes en la que ni su suspendida presidenta Dilma Rousseff parece respetar las leyes.

Lejos de disimularlo, los Juegos Olímpicos han revelado el rostro más crudo de ese país. Una crudeza que también ha sido plasmada en las grandes obras de la literatura brasileña del siglo XX, sobre todo aquéllas escritas por ese expolicía que se convirtió en novelista a los 38 años: Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 1925).

No es casualidad que la novela negra sea el género más popular en un país en el que se registran más de 50 mil homicidios por año, según la ONU. Y han sido justamente autores como Fonseca los que se han encargado de trasladar las frías estadísticas al espacio íntimo de la literatura.

La obra de Fonseca –explica su traductora al español, Regina Crespo– surge como parte de un movimiento de revitalización del realismo y del naturalismo, en el que la violencia asume un papel protagonista. En sus cuentos y novelas, dice, cohabitan bandidos, policías, millonarios corruptos y prostitutas; todo bajo un contexto de conflictos de clase, violencia urbana, intolerancia y arrogancia de los sectores dominantes.

“Fonseca ha repasado los laberintos solitarios de las grandes ciudades, la política, la violencia, el sexo, el amor, la droga, la muerte: el alocado huracán de las pasiones humanas”, asegura Rafael Pérez Gay, director de Cal y Arena, sello bajo el cual publica el escritor sudamericano en México.

JUEGOS SOBRE FUEGO
Hoy Río está muy lejos de ser un carnaval. Los atletas han denunciado robos a mano armada, el temor a un atentado terrorista es latente y el gobierno ha intentado ocultar la pobreza mediante carteles publicitarios, que literalmente pretenden “tapar” a los barrios más pobres.

Sin embargo, ninguna treta ha podido omitir –ni siquiera disimular– que la llama olímpica hoy entibia a una nación donde la crueldad es una determinación cultural profunda, según explica la antropóloga Lilia Schwarcz, de la Universidad de Sao Paulo. “Si bien la esclavitud quedó en el pasado, su historia continúa escribiéndose en el presente. La experiencia de dolor se repite, resiste y se propaga en la historia de nuestra sociedad moderna”.

Según datos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de la Unesco, en Brasil cada día son asesinados 29 niños y adolescentes de entre 1 y 19 años. La mayoría son de raza negra. Entre 1980 y 2013, señala el mismo informe, el número de homicidios de jóvenes se ha aumentado en 475 por ciento.

En su relato El arte de caminar por las calles de Río de Janeiro, Fonseca describe una ciudad de agresión incesante donde las prostitutas aprenden a leer, las cárceles están repletas y los hombres se tiran por las ventanas.

“Fonseca es, sin duda, el gran narrador de la violencia urbana del Brasil. Sus obras reflejan la transformación cultural de un mundo fragmentado, violento y sin raíces”, explica el escritor brasileño Cristóvão Tezza. Su movilidad temática, apunta Pérez Gay, le ha permitido contar la vida de la favela y la exuberancia ridícula de la alta sociedad brasileña a través de una crítica social sin pretensiones políticas.

Y es que La Ciudad Maravillosa es mucho más que samba. En sus paradisíacas playas, diría Fonseca, siempre irónico, sólo se asolean los babosos y los turistas. Pero detrás de esa estampa veraniega yace una realidad de contrastes en la que se miran de frente empresarios acaudalados y obreros; estudiantes y narcotraficantes; artistas y mendigos. Nada es improbable en esta metrópoli montañosa que alguna vez fue la única capital europea en América.

El gobierno brasileño ha restado 500 millones de dólares al presupuesto del Comité Organizador de los Juegos. Eso explica por qué algunas habitaciones de la Villa Olímpica no cuentan con servicios básicos y por qué los veleristas deben competir en aguas contaminadas.

Hace 39 años Clarice Lispector publicó su última novela, La Hora de la Estrella. En ella relata la historia de una mecanógrafa que anhela comprarse un bote de helado, y la de un carnicero que sueña con ser diputado. Desde entonces, las cosas no han cambiado mucho. Brasil sigue siendo, pese a los esfuerzos gubernamentales, el octavo país del mundo con mayor número de adultos analfabetas, de acuerdo con un informe divulgado por la Unesco en 2014. Más de 13 millones de ciudadanos de ese país no saben leer ni escribir.

“Hoy tenemos una sociedad aún más dividida y rota, en la que las contradicciones de clase se ven con mayor nitidez. El rencor crece cada día. La mirada implacable de Fonseca sobre todas las contradicciones de nuestra sociedad puede ayudarnos a entender el duro panorama en que vivimos”, dice Crespo.

Eduardo Bautista.