Rodrigo Diego López, el clavadista que era un pésimo futbolista

Rodrigo Diego López es el clavadista mexicano más joven en Río de Janeiro, pero por poco y se equivoca de deporte.

Cuando era niño, era uno de esos muchachos que nadie elegía a la hora del partido. Quedarse al último, recordarán muchos, era la mayor deshonra. Por fortuna, se dio cuenta muy a tiempo de que su cuerpo había sido forjado para los deportes acuáticos. Su actitud hiperactiva y su adicción a la adrenalina sólo pudieron ser sosegadas por los clavados, esos saltos a la inmortalidad que ya se practicaban desde la Antigua Grecia en las costas del Peloponeso.

El ídolo de Rodrigo no es clavadista. Es Lionel Messi. Después de todo, el argentino se maneja tan artísticamente como un clavadista cayendo por los aires: el deporte como expresión estética.

A sus 19 años, este joven tiene en su palmarés un bronce y una plata, preseas que ganó durante los pasados Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing 2014. Hasta hace unos meses no había pasado por su cabeza clasificar  a Río, pues aún se sentía muy inexperto para una justa olímpica.

“Creo que estoy destinado a hacer esto, y no sé por qué, hay cosas que no entiendes en la vida. Pero a mí de niño me eligieron de entre un grupo de treinta chicos. Alguien me dijo que era bueno y me lo creí. El sentimiento de volar es lo que me vuelve loco. Nada se compara con sentir la tabla y el ritmo”, comparte.

Su pasión por los clavados es tan inmensa que piensa seguir trabajando por el deporte, aunque sea de traje y abajo del trampolín. Por eso ahora estudia la carrera de ciencias políticas y administración pública.

Hoy, Rodrigo tiene una cita con el porvenir. Y no puede llegar tarde. ¿Saltará a la gloria o a la derrota? La moneda está en el aire. Pero si logra hacerlo bien, le dirá al mundo en la cara que tenía razón: era un pésimo jugador de futbol.

Este martes, Rodrigo Diego López participa en la semifinal de clavado individual tres metros.