Redacción. Los Juegos Olímpicos de verano son caros y nunca cumplen con los presupuestos originalmente planteados por los países sedes, al menos es ésta la conclusión a la que llega un estudio de la Universidad de Oxford. Sin embargo, algunos países están dispuestos a afrontar la Olimpiada por la exposición internacional que conlleva.

En su reciente estudio, “The Oxford Olympics Study 2016: Cost and Cost Obverrun at the Games”, los investigadores analizaron los datos de los últimos 56 años de 15 sedes que albergaron la justa veraniega y en todas se observó el mismo comportamiento: el presupuesto original fue superado.

Esto no es nuevo. Después de haberse realizado las primeras tres ediciones de los Juegos Olímpicos modernos, el Barón Pierre de Coubertin hizo referencia en 1911 de “los frecuentes y exagerados gastos que se incurren en las recientes Olimpiadas”.

El estudio refiere que hay tres diferentes tipos de gastos que deben contemplar los países sedes:

Costos operacionales. Son los principales gastos que debe contemplar el Comité Organizador como son tecnología, transporte, fuerza de trabajo, costos administrativos; además de la seguridad, abastecimiento, ceremonias y servicios médicos.

Costos directos de la capital. Son los gastos en los que incurre la ciudad, el país o el grupo de inversionistas para la construcción de las sedes de competencias, villas olímpicas, centros de transmisión internacional y las instalaciones para los diferentes medios.

Costos indirectos para la capital. No es otra cosa que los gastos para construcción o mejoras en la infraestructura de transporte o la adecuación de la capacidad hotelera y otras inversiones en diversos negocios, pero todo lo relacionado para la preparación de los Juegos.

Tomando en consideración los primeros dos costos, se estima que la inversión promedio para organizar unos Juegos Olímpicos es de 5.2 mil millones de dólares, superando el costo de cualquier megaproyecto que pudiera adoptar algunas de las sedes para mejorar las condiciones de la población.

Pero en lo que se refiere al tercer costo, el estudio omite algún tipo de análisis, ya que se encontraron con dificultades para encontrar los datos relacionados con las mejoras que hizo cada gobierno sede, considerando que estos costos indirectos llegan a superar en su totalidad del presupuesto relacionado con la realización de la infraestructura para los Juegos.

En este sentido, la Olimpiada que puede considerarse como la más costosa fue la de Londres 2012 con un gasto reportado de casi 15 mil millones de dólares, seguida por la de Barcelona 1992, con 9.7 mil millones, y la de Beijing 2008, con una inversión total de 6.8 mil mdd.

Sin embargo, esto no es lo que presiona las finanzas de una ciudad sino cuánto fue el desvío del presupuesto original. En este sentido, la Olimpiada que tuvo la mayor desviación de su presupuesto fue la de Montreal 1976, toda vez que superó en 720 por ciento al original.

Montreal tardó 30 años en cubrir este sobregasto que incurrieron cuando fueron sede de uno de los eventos más populares del deporte internacional.

De hecho, el estudio observó que el promedio para realizar unos Juegos Olímpicos registró un sobregasto del 176 por ciento, ya que ninguna de las sedes cumplió con el presupuesto original.

Hay dos excepciones:

Londres anunció que el gasto para realizar las Olimpiadas fue menor a lo presupuestado y el truco fue que la inversión se revisó en dos ocasiones, lo que permitió cerrar con un “menor” gasto programado.

China registró un sobregasto de sólo 2 por ciento. Parece muy conservador, toda vez que el costo por atleta se mantiene entre los más altos para unos Juegos de verano.

El estudio también incluyó un análisis de costos por evento, colocando a las Olimpiadas de Londres, España y Moscú como las más caras para la realización de cada una de las disciplinas olímpicas. En el caso de Brasil se estima un costo por cada deporte de 14.9 millones de dólares.

La inversión realizada por disciplina, impulsó el costo por atleta en Londres, Moscú y, en un empate, Barcelona y Montreal. En el caso de Río, la inversión por atleta es de 400 mil dólares, similar al registrado en Atlanta 1996.