Elías Emigdio perdió este lunes por decisión unánime ante el colombiano Ceiber Ávila en la ronda de octavos de final del box, categoría peso mosca, de 52 kilogramos.

Las dificultades

Emigido habla sobre sí mismo en tercera persona. Teje a su personaje con cuidado, cual escritor obseso de los detalles. Habla mucho, más de lo normal para un hombre cuya vida transcurre más en el ring que en la calle. Pero tiene que hacerlo porque no se puede quedar callado más tiempo: desde septiembre pasado no ha peleado fuera de México por falta de recursos. Ni la Conade ni la Federación Mexicana de Boxeo le han dado dinero para irse de campamento.

“Yo no uso pantalón ni corbata. Que se arreglen entre ellos. Yo sólo puedo pedirles que no me afecten. Desde septiembre no he peleado, y ya estamos a pocas semanas de los Juegos. Íbamos a ir a Cuba y nada… Ahora voy a tener que pagarme un viaje a Los Ángeles de mi propio bolsillo para asistir a un proceso de climatización”, dijo a este diario tres meses antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Elías vive en la colonia Benito Juárez, en Naucalpan. Sus piernas se han acostumbrado a las pendientes; sus ojos, a los vendavales de tierra que se forman en sus grises calles. En Naucalpan aún existen 70 áreas en situación de pobreza y marginación.

“Lo más difícil de mi carrera fue el comienzo. No sabía lo que me iba a deparar el futuro. Para mi familia fue muy complicado aguantar. Empezamos sin el apoyo de nadie. Iba con el pasaje contado a los entrenamientos, con las ganas y un de vendas. Nada más”, recuerda.

Elías nació hace 25 años en Zitlala, Guerrero, una de las zonas más violentas del país a causa del narcotráfico. Su padre es policía auxiliar de la Ciudad de México y su madre trabaja en un puesto de abarrotes. Sabe que el boxeo es un deporte que se gana en el ring y se pierde en la vida. Por eso estudia la licenciatura en derecho en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Decía Borges que el boxeo es un juego de insensatos, pero Elías sólo se halla cuerdo en el ring.

“Sé que a mis 35 años estaré fuera del negocio. Así es esto, sé que no es para siempre. Por ahora formo parte del Ejército Mexicano, donde me pagan como un soldado normal. Tengo rango de soldado oficinista”, comparte.

México no gana una medalla olímpica en el pugilismo desde Sídney 2002. Quizás Emigdio, noble guerrero de raíces nahuas, pueda cambiar la historia.

Disciplina: Boxeo, 52 kg.

Redacción.