La participación de Rusia en los Juegos Olímpicos de este año ya era difícil de entender desde que un informe expuso un intrincado programa estatal de dopaje. Luego, Lily King, una de las mejores nadadoras de Estados Unidos, puso el dedo en la llaga.

La principal rival de King en los 100 metros braza, Yulia Efimova, había dado positivo de drogas para la mejora del rendimiento en una prueba, pero se le había permitido competir de todas formas. El domingo, al triunfar en las semifinales, Efimova levantó el dedo en actitud de “soy la número 1”, lo que fastidió a King, que agitó su dedo con sorna antes de su propia victoria en las pruebas eliminatorias. “Dices que eres ‘la número 1’ con el dedo y te pescaron haciendo trampa con drogas”, dijo King en una entrevista con la NBC. “No me gusta”.

La estudiante de la Universidad de Indiana, de 19 años, terminaría derrotando a Efimova y ganando la medalla de oro el lunes, tras lo cual dio una emotiva conferencia de prensa.

El conflicto entre ellas fue el último recordatorio del costo que han tenido las sustancias para mejorar el rendimiento para los Juegos durante el siglo XXI. Después que la pasmosa máquina de hacer trampa rusa quedó expuesta este año en un informe condenatorio, la Agencia Mundial Antidopaje pidió que se prohibiera competir a todo el equipo ruso. En vez de eso, el Comité Olímpico Internacional optó por permitir competir a los atletas individuales de todos los deportes excepto el atletismo si convencían a un panel especial de que estaban limpios.

Los reguladores están jugando —y perdiendo— un juego insidioso. El béisbol, el atletismo y el ciclismo son algunos de los deportes que vivieron décadas de escándalos, con la caída en desgracia de grandes figuras como Alex Rodríguez y Lance Armstrong.

Cada año, atletas de todo el mundo dan positivo en miles de pruebas antidopaje, lo que lleva a algunos a sostener que la estructura actual, con una agencia mundial antidopaje mal financiada, también fracasó. Hay quienes dicen que se deberían permitir ciertas sustancias que no presentan riesgos para la salud para dirigir recursos hacia las infracciones más graves. Otros afirman que hacen falta más recursos para limpiar la competición.

Casi todos buscan sacar ventaja. Hará falta más que soplones para cambiar la cultura deportiva moderna.

Bloomberg