Su historia tiene un matiz distinto al de otras competidoras. Katie Ledecky no es una simple chica de 19 años; entra a la piscina y el agua parece una extensión de ella. No hay rival que logre hacerle sombra, pues ha sido capaz de ganar en 800 metros libres con ocho segundos de diferencia respecto a las demás.

Desde los 15 años, en Londres 2012, Ledecky mostró que un verdadero fenómeno de la natación femenil nacía para intimidar a todos, incluido Michael Phelps, pues con autoridad se metió a la final de los 800 metros y se llevó la medalla dorada rompiendo el récord de Janet Evans, su compatriota. Hoy, en Río de Janeiro, es la favorita en sus tres pruebas individuales (200, 400 y 800 libres).

Cuentan que en un entrenamiento de los Arena Pro Series, en Arizona, Phelps y ella amagaron con competir en los 400 metros, no mano a mano, pero sí en tiempos; Ledecky no lo tomó a broma y aceptó hacerlo. Según dice, El Tiburón de Baltimore fue quien rechazó el reto. Ambos cronometraban 4:02.67 minutos.

Para llegar a la final de los 400 metros libres de esta noche impuso récord olímpico en su heat eliminatorio con un tiempo de 3:58.71 minutos, con más de dos segundos de ventaja sobre sus rivales; un golpe sicológico enorme antes de iniciar la competencia.

Su entrenador asegura que será la mejor de la historia. Sus actuaciones comienzan a respaldar las palabras de Bruce Gemmell. Río de Janeiro puede ser la consagración de una joven cuya mente está enfocada en bañarse de oro y mostrarle al mundo que Katie Ledecky es el nombre que marcará el antes y el después de la natación femenil.

Álvaro Cruz