Al director general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte(Conade), Alfredo Castillo, lo ha reventado la presión olímpica más que la procuración de justicia en el Estado de México y Michoacán.

El abogado no ha resistido cabalmente la urgencia de respuestas responsables sobre la pálida participación de México en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Devastado y acorralado revira: la Conade es una agencia de viajes, los responsables del desempeño de la delegación son las federaciones nacionales. Así lo dijo a MVS Noticias (Luis Cárdenas).

Hasta ahora, los clasificados nacionales no han logrado subirse al podio en ninguna de las disciplinas en las que compiten. El cántaro se ha roto antes de tiempo, quizá en el peor momento de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.

Ha pasado que las delegaciones nacionales regresen con una medalla olímpica. Dos casos son emblemáticos. Uno, cuando el boxeador Alfonso Zamora fue el único premiado en los Juegos Olímpicos de Múnich, después de la máxima cosecha mexicana en los Juegos del 68; nueve en total, tres oros. Y dos: cuando en Barcelona 92 Carlos Mercenario obtuvo una presea en los 50 kilómetros marcha, cuatro años después de la creación de la Conade, en diciembre de 1988, por orden del presidente Carlos Salinas de Gortari, quien cimentó su fundación como ministerio federal responsable de la promoción del deporte y la actividad física entre la niñez y la juventud mexicanas; también entre la clase obrera, los atletas con capacidades distintas, los escolares y la población general.

Desde 1988 hasta la fecha la Conade ha transitado por varias transformaciones. Hoy es un organismo público descentralizado del gobierno federal cuya responsabilidad es la promoción del deporte y la cultura física entre la población mexicana. Y en sus estatutos, desde luego, se establece, además, que debe : Dirigir, administrar, instruir y evaluar las actividades para la operación del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento, así como establecer las acciones de coordinación con la Secretaría de Educación Pública, respecto de los programas académicos en apoyo a los Deportistas.

No es pues, meramente una agencia de viajes. La Conade es el Ministerio del deporte, en todas sus áreas, del gobierno mexicano.

Alfredo Castillo no sólo no ha logrado establecer las acciones de coordinación de apoyo para los atletas de alto rendimiento. Ha roto cualquier vínculo con muchas, entre las que se cuentan la de boxeo, la de atletismo, la de tiro con arco. Tampoco ha solucionado el conflicto que paraliza a la de basquetbol y, mucho menos, ha permitido que los deportistas de las federaciones afectadas puedan cumplir con sus programas de entrenamiento para enfrentar la justa olímpica.

Su vocación por el conflicto, litigios los llamaría él, lo ha llevado a enfrentarse con la Federación Internacional de Natación, después de que ésta intentara cobrar una multa (firmada en contrato) por la cancelación de los Mundiales en Guadalajara. La FINA –dice el ex comisionado para la seguridad y el desarrollo integral de Michoacán- quiere ganarse gratis 14.5 millones de dólares.

En sus funciones actuales, la Conade es responsable de destinar el dinero público a las federaciones nacionales, a la Confederación Deportiva Mexicana y al Comité Olímpico Mexicano, único encargado de la acreditación de los atletas a los Juegos Olímpicos, clasificados con los criterios de las federaciones internacionales. A discreción, a capricho, Castillo ha decidido cuales son las dignas de su confianza. Castillo no hace mucho favor a su jefe, el presidente de la República, convirtiendo a un organismo que recibe casi tres mil millones al año del gobierno federal en una exquisita agencia de viajes para 125 privilegiados atletas y miembros de su equipo de trabajo.

El deporte es un asunto serio que debe estar lejos de la procuración de justicia. El abogado no se da cuenta que el deporte en un vehículo contra la prevención del delito, que tanto persigue y tanto le gusta.

Mauricio Mejía